@vuelaconpao: la tripulante de cabina que arrasa en TikTok

El challenge viral del cambio de look conocido como “Don’t rush”se puso de moda en redes cuando estábamos todavía viviendo el confinamiento más hermético. Este reto, adaptado al sector de la aviación, unía a tripulantes y pilotos de todo el mundo y de muchísimas aerolíneas diferentes como un movimiento por la situación que se estaba viviendo.

Consistía en grabar un vídeo, con la canción homónima como único sonido, mostrar una primera imagen del tripulante (o piloto) con ropa de estar en casa y una vez que se tapaba la cámara (con el pasaporte, con una brocha de maquillaje, con la mano…) la siguiente imagen nos mostraba a la persona ataviada con el uniforme lista para ir a volar.

Los hashtags del tipo #VolveremosAVolar imperaban en las redes sociales mientras al challenge del “Don’t rush” se unía más y más gente. Fue gracias a este reto cuando conocí a Paola Villa (en ese momento @paoolacp en Instagram) ya que me ofreció participar en el vídeo que ella estaba montando con compañeras de diferentes aerolíneas.

Me encantó su idea y que hubiera pensado en mí y grabé el reto para participar en el vídeo de Pao a principios de abril utilizando TikTok, y ese challenge es el primer vídeo en mi perfil de la app china.

Fue en aquel momento, hace más o menos seis meses, cuando conocí a Pao (actualmente @vuelaconpao), y debía tener unos 2.000 seguidores en su cuenta de Instagram, si no recuerdo mal; ahora tiene la friolera de 55.000. Pero su crecimiento meteórico no ha llegado por Instagram sino por TikTok, donde hace vídeos casi a diario para su millón de fieles seguidores y acumula 40,2 millones de “me gusta”.

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Evaluación aeromédica clase CC

La primera vez que visité un médico aeronáutico fue en noviembre de 2015, un mes antes de empezar el curso para conseguir la certificación de tripulante de cabina de pasajeros (TCP) o como le decimos habitualmente -y de manera errónea- la “licencia”.

Me desplacé desde Santiago de Compostela (mi ciudad natal y en la que estaba de paso hasta conseguir el trabajo para volver a Barcelona) a Madrid porque en principio el curso lo iba a hacer en la capital española (después hubo un cambio de planes y acabé haciéndolo en Barcelona).

El reconocimiento no fue muy largo, la clínica estaba en un piso de un edificio madrileño con solera y allí solamente estaba yo para ser reconocida. Una vez lo terminé pagué unos 100 euros y creo recordar que a los pocos días el certificado médico de AESA me llegó por correo a mi domicilio en Galicia.

Hace un par de semanas volví a someterme a la evaluación aeromédica ya que mi certificado caducaba en breve. A los cinco años (hasta los 40 años de edad) es cuando los tripulantes debemos repetir este examen médico para renovar nuestro certificado, conseguir el “apto” y seguir volando.

Periodos de validez de certificados médicos

El CC (el de TCP):

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Refranero español versión aeronáutico

En España tenemos muchas cosas que merece la pena conocer. Ya sea la historia, nuestra reconocida gastronomía, los paisajes únicos o las singulares tradiciones que hacen que los extranjeros nos sitúen en el mapa.

Pero lo que verdaderamente es digno de mención es nuestro riquísimo idioma, lleno de matices y diversidad, y en concreto nuestro refranero, porque… ¿qué sería de nuestras conversaciones sin un recurso como los refranes? Yo los llamo “pequeñas píldoras de sabiduría popular”.

Hoy vengo a darle una vuelta a nuestro recurrente refranero para enmarcarlo en el contexto aeronáutico. ¡Espero que os guste! Si tenéis alguno más que añadir estaré encantada de leerlos en los comentarios de este post 🤗.

– Donde manda comandante no manda tripulante.

– Donde vueles, haz lo que vieres.

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Aerocrissi resurge como el ave fénix

Hoy os traigo un post diferente con una protagonista cuya historia me fascinó desde que la “descubrí” en Instagram. Me ha parecido interesante compartir su experiencia, tanto a bordo de los aviones como gestionando su comunidad online al frente de @aerocrissi.

Cristina estrenó sus alas en el año 2008 en Air Europa y nunca dejó de volar. Tras su paso por Air Europa vino Clickair, más tarde la fusión con Vueling y hasta la llegada de la pandemia Norwegian era la aerolínea para la que volaba.

Las andanzas de esta inquieta madrileña en las nubes se remontan al año 2006, cuando se formó en una escuela de la capital española para obtener la certificación de Tripulante de Cabina de Pasajeros (lo que denominamos erróneamente la “licencia”).

La pasión de Cristina por la aviación hizo que en 2006, mientras todavía cursaba sus estudios aeronáuticos, abriese un foro para tripulantes -ya extinto- que cosechó muchísimo éxito durante años.

Os pongo en situación, hace 14 años todavía no habían irrumpido las redes sociales como actualmente y la figura del “influencer” estaba sin acuñar porque era una profesión que no se había desarrollado. Un tímido Facebook de dos años de historia empezaba a tener adeptos en Estados Unidos, y Twitter nacía ese mismo año (2006) para revolucionar el mundo. Huelga decir que no existía Instagram (2010), ni mucho menos TikTok (2016).

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La magia de los aeropuertos

Los aeropuertos 24h son lugares mágicos, atemporales, sin horarios establecidos y donde todo vale. Puedes comer a las 7 de la mañana una hamburguesa repleta de ketchup como probarte un vestido de fiesta o comprar una colonia. A nadie le va a extrañar tu comportamiento.

Cada pasajero tiene una historia propia, un horario diferente, unos valores, un propósito y un destino. Y esto es lo que a mí más de gusta de la terminal del aeropuerto, ese trasiego de gente (ahora pasajeros) con prisa, nervios, ilusión o miedo, porque no todos los sentimientos que evoca un aeropuerto son positivos. Hay quien tiene miedo a volar o a su llegada al destino se tiene que enfrentar a una situación dolorosa…

Cada pasajero viaja por un motivo, no siempre es ocio, no siempre es trabajo. A veces se ha de cumplir con obligaciones de otro calibre. No sabes si la señora que tienes delante en la cola de la cafetería viaja por placer o porque le ha surgido un imprevisto.

Tampoco sabes si el señor que teclea en su portátil a velocidad del rayo en la silla de al lado se está jugando a “todo o nada” su trabajo a contrarreloj. Puede que el que duerme abrazado a la maleta en una esquina discreta haya pasado dos días en la terminal por la cancelación de su vuelo anterior, o no.

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De la ventanilla del avión a la ventana de mi casa

Los problemas son menos problemas a vista de pájaro, o eso siento yo cuando veo atardecer a través de la ventanilla del avión.

Con esta situación me ha tocado cambiar la vista infinita de Barcelona en cada aproximación a ver el Montjuic imponente y estático desde el balcón del tercero de mi casa.

Dejar de ver la ciudad desde las alturas para observarla desde mi ventana me ha hecho valorar lo importante que es vivir donde y con quien te hace feliz.

La luz que entra cada día por los ventanales de mi casa y la persona con la que puedo compartir los atardeceres, son la energía que necesito para sobrellevar el encierro que se nos ha impuesto desde que empezó esta pesadilla.

Ojalá dentro de no mucho podamos recordar esto como “un mal sueño” y volver a Barcelona desde 30,000 pies de altura. 

Si te ha gustado puedes dejarme un comentario, ¡gracias por tu opinión! 🤗