Quejas y situaciones surrealistas

Hace unas semanas les preguntaba por Twitter a mis seguidores que cuál era el motivo más surrealista por el que un pasajero se les había quejado, les contaba el mío y les invitaba a que compartiesen sus experiencias.

Repetí la misma pregunta por Instagram y en vista del éxito he recopilado por aquí todos los testimonios.

  • Vuelo MAD-FUE. La pasajera se queja del retraso y dice “2h de retraso y 2h de vuelo, ¡4h tarde! ”.
  • ¡Aquí una de tierra! A mí lo más surrealista que me ha pasado fue embarcando un BCN que llegó un compi del filtro de seguridad con un pax… y en sus manos… ¡¡UNA MOTOSIERRA!! Que si podía subirla al avión preguntaba el pax… El pobre compi del filtro ya no sabía como explicárselo y acudió a puerta en busca de ayuda.
  • Que los motores del avión hacían mucho ruido, y que si no había manera de detener el ruido. Le dije que era preferible que siguieran haciendo ruido, por el bien de todos.
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Galicia, a miña terra

Se Galicia fora unha cor sería azul, se fora un olor… salitre.

Se fora un son sería o das gaitas, se fora un viño: Albariño.

Se fora unha palabra sería Meiga, se fose un sentimento sería morriña.

Se fora un adxectivo sería riquiña. Se fora unha resposta sería “depende”.

Se fora un ruido sería chuvia, se fora unha sensación, a de bañarse no seu xélido Atlántico.

Se fora un lugar serían as Rías, ¿e unha persoa? Rosalía.

Pero se fora unha comida sería imposible elexir.

Feliz Día de Galicia.

Illa de Arousa. Julio 2020
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La magia de los aeropuertos

Los aeropuertos 24h son lugares mágicos, atemporales, sin horarios establecidos y donde todo vale. Puedes comer a las 7 de la mañana una hamburguesa repleta de ketchup como probarte un vestido de fiesta o comprar una colonia. A nadie le va a extrañar tu comportamiento.

Cada pasajero tiene una historia propia, un horario diferente, unos valores, un propósito y un destino. Y esto es lo que a mí más de gusta de la terminal del aeropuerto, ese trasiego de gente (ahora pasajeros) con prisa, nervios, ilusión o miedo, porque no todos los sentimientos que evoca un aeropuerto son positivos. Hay quien tiene miedo a volar o a su llegada al destino se tiene que enfrentar a una situación dolorosa…

Cada pasajero viaja por un motivo, no siempre es ocio, no siempre es trabajo. A veces se ha de cumplir con obligaciones de otro calibre. No sabes si la señora que tienes delante en la cola de la cafetería viaja por placer o porque le ha surgido un imprevisto.

Tampoco sabes si el señor que teclea en su portátil a velocidad del rayo en la silla de al lado se está jugando a “todo o nada” su trabajo a contrarreloj. Puede que el que duerme abrazado a la maleta en una esquina discreta haya pasado dos días en la terminal por la cancelación de su vuelo anterior, o no.

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De la ventanilla del avión a la ventana de mi casa

Los problemas son menos problemas a vista de pájaro, o eso siento yo cuando veo atardecer a través de la ventanilla del avión.

Con esta situación me ha tocado cambiar la vista infinita de Barcelona en cada aproximación a ver el Montjuic imponente y estático desde el balcón del tercero de mi casa.

Dejar de ver la ciudad desde las alturas para observarla desde mi ventana me ha hecho valorar lo importante que es vivir donde y con quien te hace feliz.

La luz que entra cada día por los ventanales de mi casa y la persona con la que puedo compartir los atardeceres, son la energía que necesito para sobrellevar el encierro que se nos ha impuesto desde que empezó esta pesadilla.

Ojalá dentro de no mucho podamos recordar esto como “un mal sueño” y volver a Barcelona desde 30,000 pies de altura. 

Si te ha gustado puedes dejarme un comentario, ¡gracias por tu opinión! 🤗

¿Quién nos ha robado el mes de abril?

En mi casa mi padre celebra dos cumpleaños; uno es el 7 de julio, el día que nació, y otro en marzo para conmemorar el mes que empezó todo y celebrar la vida. Ese marzo de 2016 la palabra “cáncer” se coló en mi casa y cayó como una jarra de agua fría sobre todos nosotros, mi padre pasó a ser un “paciente oncológico” y ahora una cicatriz que le recorre la espalda le recuerda que es un “superviviente”. Como tantos otros y como muchas familias a las que esta enfermedad les perseguirá siempre, no se puede bajar la guardia, ya lo sabéis.

Ese marzo de 2016 nuestra manera de vivir, ver y entender la vida cambió. Porque si no hay salud, no hay vida, sin vida no hay ilusión, ni alegría. No encuentras las fuerzas ni las ganas de hacer nada que no sea lamentarte, no hay viajes, no hay celebraciones, no hay “fechas señaladas”, no hay nada. Sin salud lo demás pasa a un segundo plano. La muerte es irreversible.

No solamente sufre esta enfermedad mi padre, también se llevó a mi abuela Elena. Tan vital, tan activa, tan enérgica… vimos como su luz se iba apagando hasta el final, poco a poco, haciendo mella en su todo su ser. ¡Cuánto dolor tuvo que soportar y qué fuerte fue hasta el final! Luchadora como todas las mujeres Cousiño. Pero qué duro fue ver como se encogía hasta el último aliento, tengo el consuelo de que estuvimos todos ahí hasta el final, a su lado, cuidándola y acompañándola. Pudimos decirle adiós y se fue tranquila.

Y no solo se la llevó a ella en noviembre de 2013, también a amigos de la familia muy cercanos y queridos, a familiares de familiares y a familiares de mis amigos… el cáncer es incontrolable y devastador, como otras muchas enfermedades que se expanden como la pólvora y provocan tantos destrozos a su paso.

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La pasajera del 7F

Como otros muchos posts, este estaba en la recámara de los borradores desde el hace meses; y hoy me he propuesto rescatarlo.

Lunes 17 de abril de 2017. IBZ – BCN

Querida pasajera del 7F:

Sólo quería decirle que la admiro. Quizás nunca más volvamos a encontrarnos, pero yo me acordaré de usted y de la entereza con la que afrontó su mayor miedo; el miedo a volar. Quizás no lo sabe, pero es muy valiente; primero por decidirse a subirse a un avión tras cinco años sin pisar uno, y después por entrar confesando que tiene pánico a volar. No todo el mundo es capaz de decírselo a la tripulación y una vez en el aire el miedo les paraliza por completo agravando la situación para todos los pasajeros a bordo. 

Cuántas veces habremos visto los tcps a pasajeros santiguarse en el asiento antes de despegar, o agarrarse a él como si les fuese la vida en ello previo aterrizaje… están también los que van estirados como varas sin perder detalle de nada de lo que hacemos, y los que se alarman si escuchan alguna de nuestras conversaciones descontextualizadas y piensan que algo durante el vuelo va mal. 

Pasajera del 7F, también quería darle las gracias. Agradecerle su gesto hacia nosotros, porque hace que nuestra profesión cobre sentido. En un espacio tan reducido como es un avión, cuando pasa algo todos los ojos apuntan de manera inquisidora a la tripulación y es nuestra función hacer del vuelo un trayecto agradable y seguro para los que vamos a bordo.

Para nosotros mereció la pena el madrugón del día al conseguir que usted, que embarcaba deshecha en lágrimas y al borde del colapso, acabase sonriendo sentada en nuestro jumpseat (asiento) e incluso fuese capaz de darnos conversación de manera distendida.

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La profesión del TCP

Cuando piensas en trabajar como tripulante de cabina de pasajeros, TCP para abreviar y a partir de ahora, a menudo tus ensoñaciones te llevan a imaginarte de compras por NYC, tomando el sol en Varadero o comiendo una pizza en el centro de Roma.

Sí a todo.

Sí, podrás viajar a lugares icónicos, comprar en las calles más emblemáticas del mundo, tomar el sol en un país del trópico cuando en el tuyo propio se pelan de frío y comer las delicias locales allá donde vas.

El destino es una de las recompensas del trabajo como TCP; me explico. Es un sueño poder trabajar durante equis horas en un avión atendiendo a los pasajeros y velando por su seguridad para acabar llegando al mismo lugar que ellos y disfrutar del merecido descanso una vez allí.

Puede que el hotel no tenga las mejores vistas de la ciudad ¿pero eso qué importa cuando estás en NYC? Y además ¿a quién no le gusta desayunar en un maravilloso buffet o disfrutar de las comodidades de un hotel?

Volvemos para atrás, os he dicho “sí a todo” pero también os puedo decir “no a todo”.

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La realidad de un TCP en modo avión

Esto lo escribí a los pocos meses de empezar a volar.

martes, 21 de junio de 2016

Hoy he dormido casi 14 horas del tirón y al despertarme no sabía dónde estaba ni qué día era (nada raro tampoco), una cura de sueño que necesitaba pero que no ha conseguido borrar las ojeras permanentes de mi cara. Lo primero que pensé es que llegaba tarde a trabajar y necesité unos segundos para centrarme. Acto seguido cogí el móvil para ver qué hora era, qué día y saber si el mundo había seguido girando mientras yo estaba en coma.

La falta de tiempo es la excusa que usaré para justificar mi ausencia por aquí, lo que es completamente cierto, pero la semana pasada cuando estuve en Bruselas la madre de la niña que cuidaba el verano pasado me preguntó por mi blog, si seguía escribiendo, y le dije que no, que lo tenía muy abandonado, pero que lo retomaría cuando tuviera ganas y algo de tiempo para explayarme, así que hoy que estoy de standby y/o imaginaria (de guardia, esperando a que me necesiten y me saquen a volar), y me apetece escribir, os pongo al día de mis últimas andanzas.

Los antecedentes… Hace ya algo más de un año que mi amiga Sara y yo volvíamos de Atenas poniendo punto y final a un viaje “italogriego” increíble y lleno de anécdotas que contar. Con el avión medio vacío a la vuelta y sin nada mejor que hacer empezamos a fijarnos en las azafatas; de arriba para abajo con el carro; “pues tiene que ser divertido trabajar volando”, “la verdad que con las ventajas que tendrán viajarán un montón”, “estaría bien para empezar con esta edad”. 

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Mi ventana al mundo

“Las mejores cosas de la vida no son cosas, es hacer viajes”

Azafata hipóxica.

El mundo de la aviación siempre suscita curiosidad y parece que esté envuelto en un aura de misterio… cuando mi interlocutor se entera de que trabajo como azafata de vuelo empieza el aluvión de preguntas (o el tercer grado…); “¿cuántos vuelos haces al día?”, “¿duermes mucho fuera de casa?”, “¿lo de poner el móvil en modo avión sirve para algo?”, “¿se cumple el tópico de azafatas y pilotos?”.

Podría enumerar cientos de preguntas que me han hecho amigos, familia, conocidos, e incluso los pasajeros que llevo a bordo. Así que he decidido empezar este blog para saciar vuestra curiosidad, acercar este mundo de altos vuelos a tierra firme y ayudaros en lo que esté en mi mano.

¡Despegamos! ✨